“Érase una vez un Presidente del Gobierno que aceptó negociar políticamente con ETA a espaldas de los españoles”. Así podría empezar el cuento, o más bien la pesadilla, en la que se ha visto envuelta España en los últimos años con la banda terrorista gracias a la irresponsabilidad de su Presidente del Gobierno actual. Todo empezó por carta, como hace ver el artículo del Mundo publicado hoy.
En la primera de ellas se comenzó a materializar la vía de comunicación que el Partido Socialista llevaba tiempo fraguando con ETA. De la misma forma se ofreció al Sr. Rodríguez ser el ‘Tony Blair español’ y, a su vez, el Sr. Rodríguez reconoció al Sr. Otegi como interlocutor válido.
La segunda carta, que data de febrero de 2005, la banda terrorista ofrece al Gobierno buscar una organización internacional que sirviese de mediadora para la negociación política. El Gobierno aceptó la propuesta indicando únicamente que sólo se realizaría en ausencia de violencia.
Dos meses después llega la tercera carta, en donde ETA nombraba la organización Henry Durant como la elegida para poder mediar en la negociación. Se marcan dos fechas en el calendario para llevar a cabo las reuniones.
En julio de 2005 se llega al primer acuerdo, en cuyo primer párrafo se cita que ”el Gobierno español respetará las decisiones que sobre su futuro adopten libremente los ciudadanos vascos. Dichas decisiones deben ser adoptadas en ausencia de violencia o coacción, respetando las normas y los procedimientos legales, los métodos democráticos y los derechos y libertades de los ciudadanos”. En definitiva, vía libre para la independencia del País Vasco. Tras el acuerdo vino la declaración de tregua de la banda terrorista, tal y como estaba estipulado. Por contra, ETA incumplió sus compromisos y vulneró el compromiso adquirido de eliminar la violencia. Siguió habiendo terrorismo callejero y se continuó con la extorsión a empresarios. Después lo ya conocido por todos: atentado en la T4, en donde murieron dos personas, y ruptura de la negociación. Lo que asusta es pensar qué habría pasado si ETA no incumple sus compromisos. ¿Se habría seguido negociando? ¿El resultado de esa negociación habría desembocado en la independencia del País Vasco? Quizá desconozca nuestro Presidente que no tiene potestad para ello, pero aún así asusta.
Ahora toca preguntarse aquello de lo que nos acusó Rubalcaba tras los atentados del 11-M. ¿Cómo era? ¡Ah! Sí… “España no merece un Gobierno que le mienta”.



