Presupuestos desfasados

diciembre 3, 2008

El colmo de la desfachatez. El Partido Socialista admite que los Presupuestos Generales del Estado, que actualmente se están votando, están desfasados. Y les da igual. Como es lógico, el resto de partidos quiere que se rehagan de nuevo, tomando como premisa la actual situación de la economía española, pero el PSOE no opina igual y prefiere dejarlos tal y como están.

Una de dos, o debe ser un acto de exagerada cabezonería y estupidez o bien se trata de mera pereza. Pobrecitos, hay que comprenderlos. Tiene que ser un rollo tremendo tener que cambiar ahora todo cuando ‘sólo’ nos jugamos la estabilidad económica de toda España por un año completo. Esto es como si un médico, tras tratar a un paciente de gripe con aspirinas y antigripales, descubriese que de lo que padece es de apendicitis… y le diese igual. Pero, ¿hasta dónde hemos llegado? Además, ahora que el Sr. Solbes indica incluso que el próximo año va a ser peor que este, yo iba pensando en cambiar urgentemente de médico.

Por otra parte, la portavoz del PSOE encargada de defender los desfasados Presupuestos no dudó en tildar de ‘irresponsables’ a todos los partidos que desean que los mismos se rehagan de nuevo. ¿No suena parecido a cuando en campaña tacharon al Partido Popular de antidemocrático por avisar de la que se nos venía encima? Y hablando de otros presupuestos y de democracia. En el acto de presentación de los Presupuestos Municipales el Sr. Castro, presidente de de la Federación Española de Municipios y Provincias, pronunció el pasado lunes la siguiente frase, paradigma de la democracia: “¿Por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?” (sic).

Anuncios

Detrás de cada voto

marzo 10, 2008

Yo quería que estas elecciones las ganara el Partido Popular y las ha perdido, aunque sea subiendo en votos y escaños. El PSOE ha crecido menos, absorbiendo todo el voto radical e independentista (véase el trasvase de votos del PNV, de ERC o de IU) sin por ello perder el voto socialista tradicional, en los núcleos obreros y, a nivel general, en las regiones económicamente más atrasadas, donde gobierna con un apoyo mediático hegemónico, véase Andalucía.

El PP gana donde gobierna, lo que demuestra que su gestión es la única forma que tiene de comunicarse, nada nuevo. Hace falta una renovación, por tanto, no de la ideología del PP (la libertad económica y la idea de España son lo que han fortalecido su base electoral) sino de personas, palabras y formas. Irónicamente, y como dice José María Marco, ha faltado un liderazgo nacional, que logre en toda España los votos que tiene el PP en Madrid y en Valencia. Buen ejemplo de lo que hace falta es Esperanza Aguirre, liberal y españolista como Rajoy pero que consigue ser más cercana y con una gestión sólida y brillante.

Desde la perspectiva de la balcanización de España, es negativa la victoria del PSOE, más negativa aún considerando que pactará con los nacionalistas (creo yo que incluso aunque el PP se ofrezca a votarle la investidura a Zapatero) y preocupante desde una idea nacional que el PSOE tenga el voto independentista y logre preservar la mayoría de izquierdas de 2004. Obviando el origen de los nuevos votos, se puede afirmar que los dos partidos nacionales han crecido y que los nacionalistas han decrecido, una afirmación que aunque cierta ignora que el PSOE es hoy una coalición de electores que no responde a ese calificativo de “nacional” porque no parece ser una exigencia de sus votantes en las distintas regiones de España.

Termino este análisis con Rosa Díez. La alegría de esta noche electoral, como lo fueron C’s en las autonómicas catalanas (¡toma 3, TV3!). Fui a oírla en la UAM no hace mucho y me impresionó su capacidad de convicción con ese discurso vibrante de regeneración democrática. No la voté, soy militante del Partido Popular, pero no me hubiera sentido más feliz si la hubiera votado al verla y oirla en su discurso de victoria. Tan sólo se me plantea una cuestión: si, con sus trescientos mil votos, UPyD ha ganado al PNV, ¿es normal que tenga un escaño frente a los seis de los nacionalistas vascos? ¡Vamos, pregunto! Si no fuera así, tal vez entonces habría ganado simplemente la izquierda. Pero no es así, y lo que ha ganado es el intento de Zapatero de apoyarse a la vez en la izquierda y en los nacionalistas, dentro de su base electoral, lo que le permite gobernar aunque el PP gane el centro como ha hecho estas elecciones, y desarrollar un proyecto puramente nacionalista encubierto por todas sus televisiones.

El gran reto ahora es que el PP pueda seguir creciendo en defensa de España y de la libertad, que UPyD se haga oír en su discurso regeneracionista y que, entre todos, dentro de cuatro años, logremos dinamitar esa inestable y contradictoria afluencia de votos nacionalistas y de izquierdas. Pese a la derrota de hoy, creo que el PP irá por buen camino si mantiene un discurso nacional y busca el voto de quienes siendo socialistas creen en España por encima de todo.


Y Rajoy vence también en el segundo asalto

marzo 4, 2008

Los asesores del Sr. Rodríguez le dijeron ‘Jose Luís, di propuestas, que es lo que nos faltó en el último debate’. ‘¿Cuáles?’ – replicó el Sr. Rodríguez – ‘Aquí tienes’, y le mostraron una lista de propuestas que ya hizo en el anterior programa electoral, adornadas con algunas de cosechas propias, e incluso, con algunas calcadas a las que hace ahora el Partido Popular, sobre todo en materia de educación. Ahora el Sr. Rodríguez habla de respeto en las aulas y de mérito. ¿Cómo? ¿Permitiendo que los alumnos pasen de curso con cuatro asignaturas pendientes del curso anterior? Me da que no.

Sin más dilación, comentemos las perlas del Presidente del Gobierno pronunciadas durante el debate, por orden de “ocurrencia”:

  1. ‘Podemos superar la desaceleración económica que sufrimos en este momento’. ¿Sin hacer nada?
  2. ‘Hemos visto en estos cuatro años un país unido contra el terrorismo’. Sin comentarios.
  3. ‘Siempre he evitado el insulto’. Suponiendo que fuese cierto, no le ha hecho falta. Bastaba con soltar a Rubalcaba, al Sr. González llamando imbécil a Rajoy o a los de la Plataforma de Apoyo a Zapatero tachándonos de ‘turba mentirosa y estúpida’. 
  4. “Guarderías en las empresas cuando lo pidan seis o más empleados”. La medida suena utópica, pero lo que debemos preguntarnos es, ¿pero con qué dinero piensa pagar esto?
  5. ‘Utilizaron el terrorismo para hacer oposición al Gobierno’. Lo cual no es cierto, pero siempre será mejor que utilizarlo para hacer oposición a las víctimas.
  6. ‘La política lingüística en España es la misma que hace cuatro años’. Si, calcada. Por eso ahora se multa en territorio nacional por rotular en español y antes no, ¿verdad?
  7. ‘Hemos potenciado la lectura’. Y por eso estamos por encima del puesto 30 en comprensión lectora, siendo la octava potencia mundial.
  8. ‘Reforzaremos la autoridad de los profesores’. Aquí es cuando se ha puesto a copiar el programa del Partido Popular. Ahora es cuando busca una educación de calidad, basada en el mérito, en la mayor inversión para becas, enseñanza bilingüe, etc. Desde luego mérito no es dejar pasar de curso con cuatro suspensos y tampoco de esta forma se consigue respetar a un profesor si suspendiendo su asignatura se consigue promocionar.
  9. ‘Hemos puesto en marcha las ayudas para el alquiler’. Como apunte que en Madrid se han solicitado decenas de miles, de las cuales ninguna se ha aprobado. Sí, ninguna. Uno de los mayores timos de este Gobierno junto con las ayudas a la dependencia, en donde pagan las comunidades autónomas mientras que el tanto se lo apunta el Gobierno central.

En definitiva, el Sr. Rodríguez ha intentado quitarse de encima la losa de la mentira y ha vuelto a endosarse otra mayor si cabe. Se ha visto superado por un rival mucho más contundente, que no ha faltado a la verdad, que ha sabido demostrar a los españoles que es la persona idónea para dirigir una nave que zozobra por la división y la crispación, y que, además, se ha llevado de nuevo el debate. A raíz de esto veremos encuestas de muchos signos. La mayoría no querrán ver lo evidente, pero la verdadera encuesta se producirá el 9 de marzo. No digo que la situación sea igual que la del año 2000, cuando la mayoría absoluta, por supuesto, pero, ¿os acordáis de qué decían las encuestas previas?


Los ataques a tres valientes mujeres

febrero 21, 2008

Son tres, aunque realmente son muchas más, las bizarras mujeres que en esta última semana han sufrido los ataques terroristas de jóvenes universitarios que hacen de la violencia su camino sanguinario y despiadado. Son tres, aunque realmente son muchas más, las valientes mujeres que están defendiendo la libertad desde las costas atlánticas hasta las fronteras con Francia, desde los susurros de la mar gallega hasta los rincones más olvidados del paisaje vasco y catalán, allá donde la democracia se ve todos los días herida por la fiera garra de la intolerancia y el ánimo exacerbado de destrucción del rival político.

Son tres, María, Dolores y Rosa, grandes mujeres de coraje indomable, las que sufren el acoso continuo de los verdugos de las libertades y de los acérrimos enemigos de la palabra; heroicas amazonas sin caballo, paladines de nuestra bandera nacional y nuestro castellano despedazado, las que han sufrido, de nuevo, las agresiones en universidades públicas de España. Por vosotras, valientes mujeres, que os dejáis suspiros de vida en cada paso que, firme y decidido, dais en busca de la libertad de todos nosotros.

Publicado en El Mundo y en La Razón del miércoles 20 de febrero de 2008


Relato de un estudiante imaginario (II)

febrero 15, 2008

Han pasado casi cuatro años desde las primeras Elecciones Generales en las que ejercí mi derecho al voto. Recuerdo aquellos funestos días con una mezcolanza de sensaciones, una noria de imágenes dantescas y un enredo de comentarios y de ideas que me empujan más a pensar que la primera vez que voté lo hice inmerso en una pesadilla de la que terminé despertando. Quizás, pensándolo bien, aquellas jornadas fueron el comienzo de una persistente tragedia que, mucho me temo, no fui el único joven que la atravesó.

Puedo recordar con claridad los días previos a los comicios, las angustiosas escenas de unos vagones reventados sin mayores explicaciones que un sonido sordo perdido entre las primeras luces de una inolvidable mañana, mas prefiero guardarlas en un rincón del olvido con el objetivo de no derramar unas lágrimas que, en caso de intentar contarlas y ponerles nombres, todos nosotros sabemos cuántas serían y qué firmas dejarían eternamente grabadas en el suelo al chocar contra él. Me remontaré, entonces, a las horas inmediatamente anteriores, horas de las que tengo un hilo de recuerdos fugaces pero inquietantes, rápidos y certeros cual flecha hiriente, aparentemente claros por aquel entonces pero insuperablemente erróneos vistos desde hoy.

La política no resultaba ser para mí un problema vital; es más, lo cierto y verdad es que jamás había comprendido los entresijos y máscaras de la política, aunque, para ser honesto, tampoco había gastado grandes esfuerzos en tratar de entenderlos. Por aquellos días, tenía decidido mi voto más por el ambiente en el que me movía que por cualquier otra razón de peso, pues todos sabemos que las circunstancias de cada uno influyen notablemente en su carácter y personalidad. Sin embargo, como un montañista perdido que decide subirse al primer coche que pasa en un momento de confusión y amenazas climatológicas, los comentarios y presiones de unos y de otros me hicieron cambiar el voto sin suponerme tampoco a primera vista un trauma irreparable. Con todo y con esto, aparcando mi pereza política, me adentré en un universo de conversaciones enfurecidas sobre explosivos, atentados, mentiras, fraudes, engaños, y en un compendio de vivencias que me arrastraron inconscientemente hasta concentraciones en las puertas de una determinada sede situada allá por las inmediaciones de la Plaza de Colón. Esos días todo eran quejas y rabia, iracundos discursos en comidas y cenas, soflamas y peroratas de los más diversos personajes, y, entre cacerolada y cacerolada, atendía a las promesas que el partido de la Oposición nos tendía a todos los jóvenes. De esa forma, queridos lectores, fue como terminé cambiando un voto que, desde hace casi cuatro años -toda una eternidad-, me ha arrastrado por las solitarias calles de una destruida ciudad interna cargada de culpabilidades y reproches a mí mismo.

13-M

Hoy lo entiendo todo -por aquellas era más joven y quizás más inexperto-, y tengo la convicción moral de que me equivoqué por dejarme arrastrar por los vientos de la exaltación sin antes prestar atención a un fondo que se había teñido de un color muy diferente del que yo podía apreciar. Desde entonces, la política comenzó a interesarme. No lo hizo en el sentido de querer dedicarme a ella, pero sí en la necesidad de comprender los males que planeaban sobre España y las bondades de un ya Gobierno que por entonces yo había votado. Esperé, esperé y esperé con una paciencia sobrehumana las promesas destinadas a los jóvenes que el simpático ZP nos había asegurado con el mensaje inequívoco de quien yo creía hombre de palabra. ¿Y qué recibí a cambio? ¿Y qué recibimos a cambio todos los jóvenes que depositamos nuestro voto en unas urnas intoxicadas por la manipulación mediática y el revanchismo más atroz? Obtuvimos pasado y mentiras.

Obtuvimos pasado porque yo, siendo joven como soy, me parece estar vivido setenta años antes, allá por los prolegómenos de un conflicto civil que dividió a la Nación durante décadas. Durante estos interminables cuatro años, he escuchado mitificaciones históricas, revanchismos inaceptables, componendas sectarias, leyendas de antaño, historietas de trincheras y asesinados, disputas guerracivilistas, descalificaciones más propias de tiempos pasados que de presentes prósperos y un sinfín de toscas alegorías que rezuman enfrentamiento por cada una de sus letras.

Mentiras porque yo, siendo joven como soy, creí inocentemente que ZP me facilitaría el acceso a la vivienda, mejores puestos de trabajo con mejores salarios, una enseñanza serena e imparcial, mayores facilidades de cara al acceso al mundo laboral y una retahíla de medidas que yo entendí positivas pero aquel individuo que las jaleaba las entendió como un puente de plata para alcanzar su poltrona, y más tarde, entre las confusiones y problemillas varios, decidió abandonar en el trastero de la indecencia.

En apenas un mes volveré a votar en unas Elecciones Generales. Esta vez sí tengo claro mi voto, un voto que no modificaré a última hora a pesar de las inclemencias políticas, las tensiones creadas con premeditación, las charlas de actores o figurillas del arte o la repetición de promesas vacuas. Ya he soportado demasiados engaños durante esta azarosa caminata como para volver a caer en el mismo error que me ha quitado el sueño durante noches y noches. Pero esta vez, queridos lectores, seré yo quien anime a esos votantes indecisos.


Relato de un estudiante imaginario

febrero 12, 2008

Las horas pasaban lentas y pesadas, cargadas de una sombría mezcla de somnolencia e impaciencia, en los relojes de la Universidad de Santiago de Compostela. La escena no podría haber sido más común de lo que aquella era: los siempre comunes murmullos sordos de unos estudiantes en época de exámenes, las idas y venidas de profesores por largos pasillos infestados de un humo ya antes olfateado, carteles de todo signo ideológico con el ya conocido predominio de la izquierda contumaz y, en definitiva, la rutina cualquiera de un martes sin alborotos. O eso creía yo.

Profundamente inmerso en mis pensamientos, giré una de las esquinas sin apenas escuchar los gritos que me esperaban en cuanto levantara la cabeza y dejara de observar las manchas de un suelo hastiado y pisoteado por los más disímiles estudiantes, testigo mudo del paso de las generaciones y de la decadencia de nuestro sistema educativo. Y, de pronto, como un estruendo nacido en el fondo de un océano de serenidad, chocaron contra mis oídos las soflamas independentistas de un grupo que rondaba menos del medio centenar de jóvenes. Rápidamente caí en la cuenta de que, al otro lado de aquella sesgada cohorte de estrafalarios soldaditos más de barro que de plomo, más cobardes que valerosos, se encontraba el blanco de sus encarnizadas iras. Traté de ponerme de puntillas sin mayor resultado que el de contar un número mayor de increpadores que el que había sido capaz de ver de un primer vistazo. Traté, a continuación y después de mi fallido primer intento, de distinguir su rostro entre las cabelleras y las pancartas que aireaban al desnutrido viento los manifestantes, consiguiendo, de nuevo, constatar que eran más de los que podía imaginar. Los silbidos de la puerta me tentaban a marcharme y olvidar aquella escena, recorrer las calles de Santiago hasta mi casa y dejar pasar las horas hasta el día siguiente en el que lograría enterarme de lo ocurrido; sin embargo, necesitaba saber quién estaba soportando aquella marabunta de ofensas y golpes, quién podía merecer toda aquella descarga de injurias y humillaciones, amenazas y desprecios, con las que suelen recibirse a los asesinos, a los violadores y a los delincuentes.

Definitivamente, decidí preguntar a uno de los presentes con tono incendiario para no entrar en problemas:

– Perdona, ¿quién es el cerdo al que hay que gritar?

– A esa fascista del Partido Popular que viene aquí buscando guerra… ¡María San Gil! -inmediatamente después de contestarme, alzó la voz y gritó-. Ojalá te maté ETA.

Inmediatamente comprendí no sólo la decadencia de nuestro sistema educativo, no sólo la luctuosa criminalidad de los independentistas y terroristas antidemocráticos, no sólo el peligro que se cierne sobre España, sino también que aquella heroica mujer que soportaba estoicamente las ofensas se trataba de ella, de una luchadora con nervios de acero, de una valiente vasca adalid de la libertad y de la tolerancia, paladina de nuestra bandera nacional, orgullo de los más ilustres victoriosos personajes históricos, combativa de la palabra y beligerante de las ideas, valerosa y bizarra como ninguno de los que la injuriaban… Ella, sublime y por eso agredida, María San Gil. Fue entonces cuando decidí olvidarme de los silbidos de la puerta, del cansancio inicial, de las prisas que marcaban los relojes y me senté a escuchar su conferencia.

Todo relato debe tener un digno final propio de la protagonista, y fue ella misma quien lo escribió saliendo por la puerta principal mientras decía: “¿Hemos hecho algo malo?, pues yo salgo por la puerta aunque sea más o menos violento”. No sé si recordaré el resto de mis días en la universidad, pero, sin lugar a la más mínima duda, siempre recordaré el rostro de aquella valiente que un día pisó con la cabeza bien alta el hastiado suelo de mi universidad y sonrió ante los estruendos de la violencia.


Pepu Hernández prefiere a Rajoy “para el último triple”

febrero 8, 2008

Él lo tiene claro, ¿y tú?